Asociación Española Amigos de la Arqueología

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Viaje de Estudios a Toledo

VIAJE DE ESTUDIOS A TOLEDO:

RUTAS PATRIMONIO DESCONOCIDO Y TOLEDO SUBTERRÁNEO

Día 27 de Octubre de 2018

La salida fue desde el sitio de costumbre, pero como la visita era cerca no tuvimos que madrugar tanto. Una vez llegados a Toledo nos esperaba la guía que nos acompañaría a lo largo de la mañana. Lo primero que visitamos fue “La Posada de la Hermandad”, edificio civil, y uno de “los más típicos ejemplares del siglo XV”. En el edificio de la Santa Hermandad Vieja de Toledo destaca su portada, ricamente decorada con figuras de los cuadrilleros que la componían, así como dos heraldos. Completan la decoración los símbolos de los Reyes Católicos: su escudo, el yugo y las flechas. También destaca un valioso escudo de madera de Felipe II (que fue llevado a restaurar y todavía no se ha repuesto). En su interior se conservan las salas donde se ubicaban los tribunales y las mazmorras para los presos, donde al parecer eran habituales los excesos de la Hermandad en forma de torturas de todo tipo. Bajamos a las mazmorras y en una de ellas todavía pueden verse los agujeros de las argollas en las que estaban atados los presos. También nos explicó la guía que en esas minúsculas dependencias metían a tal cantidad de personas, que no tenían espacio para todos y los permitían salir a la calle y luego volver a la noche.

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A continuación visitamos uno de los sótanos islámicos de Cardenal Cisneros. Doce pertenecen a lo que ha dado en llamarse "Toledo desconocido". Está en los bajos de un restaurante y el espacio, alberga los vestigios arqueológicos de una primitiva casa islámica de época califal (s.X) de la que subsisten un patio y un salón, así como los restos de la decoración arquitectónica de los mismos, consistentes en dos arcos de herradura, uno de ellos geminado. En uno de los arcos pueden verse dos Manos de Fátima, una de las cuales está rodeada de tres pájaros, elementos clásicos del arte islámico cuyo objetivo era brindar protección contra el mal de ojo (manos de Fátima) y funerario (los pájaros).

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Después visitamos Los Baños de Caballel o del Cabalillo, cuyas primeras referencias datan del año 1183. La proximidad del zoco y la mezquita, la abundancia de agua en la zona y el arraigo que tenían los baños entre los musulmanes hacen del entorno de la plaza de las Fuentes un lugar lleno de lavaderos y baños.

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Seguimos nuestro periplo recorriendo Toledo y entramos a visitar El Museo de Tapices y Textiles de la catedral, situado en el antiguo Colegio de Infantes en Toledo. Vimos tapices y tejidos de la catedral, que están fechados entre los siglos XVI y XVIII. como el que representa un Astrolabio y los Signos del Zodiaco,, que en 1503 ya se mencionaba en los archivos de la catedral. También la guía nos hizo notar el extraordinario trabajo de restauración del decadente edificio y los objetos valiosísimos que se guardan en vitrinas compradas en Edimburgo (Escocia). Algunos de esos elementos son los objetos encontrados en la tumba del Rey Sancho IV, dentro de la catedral primada: una espada con puño dorado, unas espuelas, una zapatilla y el edredón que envolvía el cadáver momificado.

A la entrada se ve, en el centro del patio, parte del Monumento de Semana Santa, diseñado a primeros del siglo XIX para ser instalado en la nave central de la catedral, monumento de medidas originales impresionantes: 26 metros de alto por 16 de ancho. Los cuatro soldados y los dos ángeles, también de grandes dimensiones, que custodiaban el grupo escultórico están repartidos por las salas del museo. Los tapices son magníficos, y todos de tamaños enormes.

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Una vez admirado este fantástico museo, fuimos a visitar el “Taller del Moro”, que ocupa parte de una casa principal de la nobleza toledana del S. XIV y constituye el mejor ejemplo de arquitectura palatina del periodo. El museo exhibe ejemplos de artes suntuarias andalusíes procedentes de Toledo. Comenzó a denominarse Taller del Moro en el siglo XVI cuando fue arrendado por la catedral como almacén. Ya en el siglo XV fue Convento de monjas de Santa Eufemia, ejecutándose entonces una fachada que se mantuvo hasta al menos 1845.

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La mañana dio mucho de sí, y nos permitió también visitar el Pozo de los Deseos. Este sitio, era un antiguo baño judío, para la purificación. También está en los bajos de una tienda de reglaos y en su interior alberga un tesoro único en el mundo: un baño de purificación hebreo en perfecto estado de conservación, un pozo con agua pura y cristalina bajo el nivel de la calle. Las bóvedas datan del siglo XI y el pozo se estima que pueda rondar los 400 años a.C. Se respira verdadera paz.

Sin duda un lugar único y poco conocido del Toledo subterráneo.

Ya cansados, con hambre y un poquito de lluvia hicimos un alto para ir a reponer fuerzas al restaurante que había reservado Manolo. En el trayecto pasamos por la Catedral, pero ¿cómo no hacer una foto a su fachada?

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Ya repuestos con el buen yantar, todavía nos quedaba una visita por hacer: el convento de Santa Clara la Real. El actual convento fue fundado en el lugar donde ahora se halla a mediados del siglo XIV por la dama toledana María Meléndez. Las monjas, dadas las pocas profesiones (son trece) ya no viven en este convento. Lo abren los sábados. En el interior hay bastantes obras de arte, como es el retablo del Altar Mayor del siglo XVII, a cuyo pie hay un sarcófago bellamente tallado, que pertenece al arcediano Juan de Morales, quien ostentó el cargo de deán de la catedral de Sevilla, canónigo de la catedral de Toledo y arcediano de Guadalajara. En 1478 este eclesiástico compró la capilla para ser enterrado en ella junto con sus padres. Es un sarcófago realizado en mármol blanco, decorado con follaje y el escudo familiar repetido tanto en la cabecera –sostenido por leones- y en los pies sostenido por dos galgos con collares. Varios leones sobresalen en los laterales. Sobre el sarcófago la estatua yacente del finado revestida con las insignias sacerdotales, las manos unidas en actitud orante sosteniendo un breviario y a los pies un perro indicando fidelidad. La religiosa que nos abre y enseña el convento -sor Ana Isabel-, sevillana, con una simpatía arrolladora y una dulzura y candidez angelical, nos permite pasar a determinados lugares, para charlar con nosotros y para hacer tiempo antes de marcharnos, pues está cayendo un chaparrón de los que mojan.

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Ya casi escampado, agradeciendo a Sor Ana Isabel su amabilidad, regresamos al autocar pasando por la Plaza de Zocodóver, como dice Gerarde que debe pronunciarse, para coger el autobús y volver a casa, pero ¿quién no hace una foto a esa preciosa plaza castellana?

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Durante la vuelta ya no llovió y satisfechos de ver tanto arte regresamos a casa.